La morosidad es un mal endémico en España

Entrada original publicada en perebrachfield.com

La problemática de morosidad que está sufriendo la economía española se agrava debido a la existencia de una morosidad en España endémica.

Según el Estudio de Riesgo de Crédito de Crédito en España que impulsan Crédito y Caución e Iberinform, dos de cada tres empresas españolas sufren en la actualidad los impactos negativos de la morosidad en su cuenta de resultados. Este completo Estudio del Riesgo de Crédito permite comparar el actual desempeño empresarial frente al confinamiento sufrido en la primavera. Según ha revelado el citado Estudio el 12% del tejido productivo considera en riesgo su continuidad por el impacto de los impagados de sus clientes, tres puntos por encima que hace seis meses. Si extrapolamos estas cifras al conjunto de empresas activas que operan en España, 220.000 empresas están en riesgo de cerrar en los próximos meses.  La falta de control sobre la morosidad B2B es un riesgo para la actividad empresarial. El incumplimiento de los pagos acordados genera importantes tensiones de liquidez en una situación como la actual y es especialmente desestabilizadora en la operativa de las empresas de menor tamaño. Si se produce el impago de una venta con pago aplazado, la pérdida equivale a los costes de producción del producto. El impacto de un impagado comercial se acentúa cuanto menor sea el margen de beneficios, pues multiplica el número de ventas con clientes solventes necesarias para compensar la pérdida. Si una empresa con un margen comercial del 10% sufre un impago de 10.000 euros, deberá generar nuevo negocio por 100.000 euros para compensar el impacto de los 9.000 en costes de producción. De acuerdo con la segunda parte del Estudio de Gestión del Riesgo de Crédito en España, el 46% de las empresas españolas afronta pérdidas de ingresos significativas a causa de la morosidad en España y el 39% registra un incremento de sus costes financieros. Además, el 15% se ve obligada a limitar sus nuevas inversiones y un 18% a frenar su expansión comercial.

Ahora bien, esta problemática aguda de morosidad que están sufriendo la economía española se agrava debido a la existencia de una morosidad en España endémica. En cada nación la gente tiene sus propias costumbres, su cultura, sus tradiciones y sus leyes. En cada país, en función de una serie de condicionantes de tipo histórico, cultural, económico, jurídico y sociológico, existe una forma diferente de pagar las deudas.  En consecuencia, los hábitos de pago de cada país son diferentes, y éstos vienen condicionados por determinantes que han intervenido en su consolidación a través de muchas generaciones. Sin duda, existen razones de índole económica, financiera, jurídica, social y cultural que explican el fenómeno de la morosidad en España; pero estos determinantes no bastan para que entendamos la desmedida costumbre de pagar tarde, mal y nunca que existe.

Se puede afirmar, sin exagerar, que la morosidad en España está arraigada en todas partes, o sea en las empresas, en los ciudadanos particulares, y en las Administraciones Públicas. Como prueba de esta afirmación, España figura en el libro de los récords Guinness como el estado de la Unión Europea con el mayor porcentaje de morosos intencionales; un estudio realizado por la CE reveló que el 62% de las causas del impago es la intencionalidad del deudor de demorar el pago de las facturas vencidas para obtener financiación gratuita a costa de los proveedores. La morosidad es sin duda el octavo pecado capital de los españoles y menos mal que no está tipificado como tal, ya que, Satanás hubiera tenido que triplicar el aforo del infierno para alojar a todos los morosos de origen ibérico. No obstante, para los propios españoles ser moroso sólo significa cometer un pecadillo venial sin importancia. Me imagino que a muchos les gustaría preguntarme ¿Cómo morosólogo, después de conocer directamente a miles de morosos, seguro que sabe el caso de alguno se habrá arrepentido? La verdad es que sí conozco un caso: en una ocasión cuando era empleado del departamento de riesgos de una entidad financiera, después de mucho tiempo y esfuerzo, conseguimos que una deudora morosa nos liquidara una antigua deuda consistente en varias letras de cambio impagadas del préstamo que se le concedió para la financiación de su coche. Sin embargo, al día siguiente la morosa se arrepintió, ya que la buena mujer se presentó en el despacho de la financiera y dijo con todo el desparpajo que se había arrepentido: quería que le devolviéramos todo el dinero entregado para cancelar la deuda impagada; lógicamente no le reintegramos el pago efectuado ya que lo había hecho dentro de la más estricta legalidad.

Una antigua cita afirma que: “Quien presta a un amigo, compra un enemigo”. Este refrán aconseja prudencia en el préstamo de dinero, pues llegado el momento de recuperarlo no son raros los conflictos. Platón ya dijo: “si reclamas el dinero prestado, comprobarás que de un amigo tu generosidad te hace un enemigo”. La morosidad en España es un fenómeno difícil de erradicar puesto que ha permanecido enraizada en la tradición española desde hace siglos –todas las leyes promulgadas hasta la fecha para combatirla han fracasado– y se ha convertido en un hecho tan frecuente, tradicional y arraigado, que para muchos ya parece una cosa normal y comúnmente aceptada; buena prueba de ello es el elevado número de proverbios en el refranero español que afirman que cobrar una venta a crédito en España es un trabajo de Hércules. Los refranes son como la quinta esencia de la sabiduría popular, en su conjunto reflejan la sabiduría de los españoles; casi todos son reflejo de la sociedad española y cuyo contenido traspasa aquellas fronteras para iluminar a los hombres de todos los tiempos. Pues bien, un refrán dice que “el arte del comerciante en España está más en lograr que le paguen que en vender”, y otro proverbio del refranero dice: “Quien en España dineros ha de cobrar, muchas vueltas ha de dar”. No es de extrañar que muchos negocios sientan aversión a otorgar crédito a sus clientes y así lo hacen saber a sus compradores mediante letreros, de modo que los clientes quedan avisados nada más entrar que deben pagar a tocateja. A lo largo de mis visitas a empresas, he tenido ocasión de ver carteles colgados en un lugar bien visible en la entrada, con la leyenda: “el crédito ha muerto, descanse en paz, los malos pagadores lo mataron”. Otra versión del mismo mensaje suele ser cartel, colocado en un lugar estratégico del establecimiento, que reza: “Se acabó el fiar, si fío no cobro, para no cobrar prefiero no fiar”. Mediante estos carteles las empresas mandaban un mensaje muy directo a los clientes respecto a su negativa para conceder créditos comerciales; definitivamente no se vende a crédito debido a las malas experiencias sufridas en el pasado con los morosos; aunque ahora paguen justos por pecadores.

En realidad, esta posición de desconfianza resume el problema que muchas empresas padecen y que es el no poder cobrar sus ventas a crédito debido al mal comportamiento de algunos a la hora de pagar. En efecto, los proveedores pagaron la novatada con deudores que pagaron tarde, que pagaron mal o que –en el peor de los casos– nunca pagaron; en consecuencia, los compradores pagan el pato y deberán pagar al contado. De vez en cuando en algunos comercios tradicionales todavía se puede ver colgado de la pared un cartelito con el siguiente aviso. “aquí no se fía” o incluso con más sentido del humor el que dice: “hoy no se fía, mañana sí”. También en algunos bares y restaurantes se puede ver una versión humorística del aviso que reza: “el banco no hace cafés, yo no hago préstamos”. Todos estos avisos vienen a afirmar una actitud muy determinada hacia el crédito que tienen los propietarios de los negocios donde están colgados los carteles: no concedemos créditos a nadie porque no nos fiamos o sea que a pagar en efectivo.

En algunos países del sur de Europa también he tenido la ocasión de ver letreros que advierten que sólo se vende al contado rabioso. –“Per colpa di qualcuno non si fa credito a nessuno”. Esta frase escrita en la lengua de Dante, la he visto en rótulos colocados en varios establecimientos de Italia; siempre me ha atraído poderosamente la atención por la bella rima de las palabras utilizadas y la gran musicalidad que existe en esta oración. El significado en cambio no es tan agradable; la traducción al español sería: “por culpa de unos cuantos no podemos dar crédito a nadie”. Este cartel dejaba muy claro que por culpa de unos cuantos morosos desaprensivos, la empresa no concedía crédito a ningún cliente. También en Francia tuve la ocasión de leer algo muy parecido en una empresa de reparación de vehículos: “Pour le plaisir de conserver ses bonnes relations avec la clientèle, la maison ne fait plus de crédit”. Lo que, traducido al español, dice que como la empresa quiere tener la satisfacción de conservar sus buenas relaciones con su clientela, ha dejado de conceder créditos. Hace ya muchos años encontré en una tienda de souvenirs de Figueres un azulejo que llamó tan poderosamente mi atención que no pude resistirme a adquirirlo. Es uno de aquellos azulejos que se utilizan para la decoración de exteriores y que contienen frases satíricas o humorísticas. El azulejo contiene la siguiente frase, cuyo autor es anónimo pero que es un fiel reflejo de la sabiduría popular: “Si doy a la ruina voy, si fío, aventuro lo que es mío, si presto, al pagar me ponen cara de mal gesto, y para evitarme todo esto, ni doy, ni fío ni presto.” He conservado este azulejo a lo largo de los años ya que es una sentencia con una gran carga de humor y que contribuye a recordar la problemática de los morosos.

 

 

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Autor: Pere Brachfield
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