El moroso profesional es uno de los oficios más antiguos de la historia de la humanidad

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El primer moroso de profesión apareció el día que se inventó el crédito

El 91% de los Gestores Administrativos que son los profesionales que mejor conocen la evolución de las empresas en su día a día, así como los problemas de morosidad y las cuestiones relacionadas con el cobro de los impagados advierten un importante aumento en la morosidad de las pymes y de los autónomos durante los próximos meses. Por otro lado, más del 80% de estos profesionales también considera que sus clientes sufrirán problemas de liquidez, lo que aleja aún más las previsiones de mejoría en el horizonte más cercano. Estos son datos extraídos de una encuesta elaborada durante la primera semana de octubre por el Consejo General de los Colegios de Gestores Administrativos de España. Los resultados de esta encuesta también desvelan que el 82% de estos gestores apunta que sus clientes no han recuperado el nivel de ingresos que tenían antes de la irrupción del coronavirus, lo que para ellos supone una clara reducción de la capacidad de pago. Asimismo, más de la mitad de los gestores administrativos observa que sus clientes ya están teniendo problemas de cobro en la actualidad y no solo por culpa de los morosos profesionales, sino por clientes que hasta hace poco habían pagado puntualmente.

Sin duda, el moroso profesional es una de las profesiones más viejas de la historia de la humanidad; nació después de las primeras transacciones entre seres humanos. El primer moroso apareció cuando se inventó el crédito. ¿Cuándo se inventó el crédito? Con toda seguridad el hombre primitivo ya hacía intercambios de bienes con aplazamiento de pago, así que en Atapuerca ya debían de morar los primeros morosos de la edad de las cavernas. Las transacciones a crédito ya aparecieron en los inicios de la historia de la humanidad con los primeros intercambios comerciales basados en el trueque. El concepto de crédito comercial nació como una necesidad para que los primeros mercaderes pudieran introducir sus productos. Por lo tanto el aplazamiento del pago en el comercio es una práctica muy antigua, seguramente tan vieja como el propio comercio. En consecuencia, los primeros morosos aparecieron en tiempo inmemorial. La primera normativa para regular las ventas a crédito y fijar normas para el cobro de deudas fue escrita (en tablilla de arcilla) por sumerios asentados en Mesopotamia hacia el año 3.500 a.C. La reglamentación del crédito más completa de la edad antigua apareció 1.900 años a. C.  en Mesopotamia; se trata del célebre Código del Rey Hammurabi que regulaba la concesión de préstamos y fijaba preceptos para el pago de las deudas. Los fenicios más de 1.000 años a. C. establecieron unas normas para la venta a crédito en los intercambios comerciales y para el cobro a los deudores morosos. En la antigua Grecia, 600 años a. C se desarrollaron leyes respecto a las ventas a plazos y el crédito, así como aparecieron los conceptos de hipoteca, prenda y caución. No obstante, fueron los romanos los grandes legisladores en materia crediticia y en recobro a deudores, ya que 400 años a. C ya promulgaron leyes muy avanzadas sobre los préstamos, los créditos, los derechos de cobro de los acreedores y las garantías en las operaciones de compra-venta.

Hay que tener en cuenta que el Derecho primitivo era rigurosamente coactivo, por lo que en la antigüedad los morosos eran perseguidos y castigados con saña. En los tiempos heroicos no existía un Derecho civil, es decir que regulaba las relaciones patrimoniales entre los individuos. Los pueblos primitivos carecían de tribunales organizados y especializados en la función de dirimir litigios entre acreedores y deudores, así que se regían por un conglomerado de usos del clan, en que se mezclaban normas jurídicas con las normas morales, prácticas mágicas y religiosas. Por tanto, las comunidades primitivas utilizaban la venganza privada para recuperar las deudas. Este rudimentario procedimiento consistía en tomarse la justicia por su mano; si un miembro del clan acreedor tenía un moroso, se juntaban los miembros de su tribu y daban garrotazos al deudor hasta que éste pagaba la deuda (o lo apiolaban). Otras dos formas muy frecuentes en tiempos heroicos de recobrar la deuda, fueron por un lado apoderarse por la fuerza de las propiedades del moroso (utilizando para ello la violencia que fuera necesaria), y por otro apresar al deudor y venderlo como esclavo (también se esclavizaba a su familia). Durante siglos el deudor siempre estuvo a merced del acreedor. La esclavización del deudor no sólo ocurría en Europa, sino que era una práctica habitual en otras latitudes, como lo fue entre los árabes del desierto, entre los aztecas, los malayos y los birmanos. En otras culturas la esclavitud recaía sobre los hijos del deudor, como sucedía entre los asirios.

La relación jurídica en la edad antigua entre el deudor y el acreedor, creaba un mecanismo por el cual el primero se liga al segundo a través de un elemento esencial, que es la entrega de la libertad. El deudor se volvía un esclavo de su acreedor. Las relaciones entre el acreedor y el deudor, al principio de la historia de la humanidad se caracterizaban por el abuso del poder del primero contra el segundo. Las instituciones jurídicas fueron creadas a favor del acreedor. El deudor moroso sufría la permanente y constante humillación, tratos degradantes e infamias sin fin; todo ello condujo a las religiones monoteístas a tomar partido por los deudores.

Aunque endeudarse no es nada delictivo, el no pagar lo debido en el plazo pactado sí es ilegal, ya que el Derecho Romano, muchos siglos atrás, instauró el mandamiento de “Mora Reprobatur in Lege”: Toda morosidad es reprobada en Derecho. Desde la época del Derecho Romano, a lo largo de la historia las leyes fueron concebidas en beneficio del acreedor. Durante siglos, el acreedor adquirió el derecho de persecución sobre la persona del deudor para disponer de su vida o de su libertad, como forma de satisfacer las obligaciones adquiridas. Los romanos eran un pueblo culto y poseedores de una civilización muy avanzada. También establecieron unas normas jurídicas, el famoso Derecho Romano, que constituyó uno de los antecedentes del derecho actual. El Derecho Romano legisló y reglamentó todo lo concerniente a las relaciones entre acreedores y deudores, así como las acciones que podían ejercer los primeros sobre los segundos. El Derecho romano inventó el concepto de mora, lo que sucedía cuando el deudor no cumplía en tiempo oportuno su obligación de pago y reconoció el derecho del acreedor de recibir intereses moratorios. Consiguientemente fueron los romanos los desarrollaron el concepto de moroso.

Como ya hemos dicho, el Derecho Romano se encaminó insaciablemente a crear procedimientos, procesos, estatutos y garantías que protegieran al acreedor, que le permitieran recuperar lo prestado, aún en detrimento de los derechos y la persona del deudor. En aquella época no existían los derechos humanos y el acreedor tenía todas las posibilidades para actuar contra el moroso. En los inicios del derecho romano, las relaciones entre acreedores y deudores se soportaron sobre una concepción religioso-jurídica. Las obligaciones nacían bajo el patrocinio y protección de los dioses romanos; los incumplimientos del deudor no solo constituían una infracción jurídica sino una violación de lo acordado frente a la divinidad. Es necesario resaltar la naturaleza jurídica del patrimonio; éste se consideraba como parte de la persona, era una emanación de la personalidad. Por lo cual nacía el derecho del acreedor sobre su deudor; derecho que no sólo le permitía dirigirse contra la persona física, sino que por vinculación también le facultaba ir contra el patrimonio del moroso para conseguir el cumplimiento de sus obligaciones. El acreedor tenía el derecho de perseguir físicamente a su deudor disponiendo de su libertad o de su vida como se consagró en la Ley de las XII Tablas. Razón por la cual el derecho romano primitivo era el más cruel: al deudor juzgado por el Juez se le concedía un plazo de treinta días para cumplir la sentencia de pago. Transcurrido este plazo, si el deudor no cumplía con la sentencia del Juez, el acreedor se apropiaba de la persona física de su deudor y lo convertía en su prisionero y la ley romana se lo adjudicaba como un bien propio. Además de la captura física del moroso condenado, al acreedor se le facultaba para encadenarlo y encarcelarlo; la retención del deudor duraba sesenta días, al cabo de los cuales, se le llevaba a los mercados públicos por tres días para que alguien (familiares, amigos) saldara sus deudas. Si el moroso no tenía la suerte de conseguir un familiar o un amigo que le cancelara la deuda, el acreedor quedaba autorizado para disponer de la vida del deudor, convirtiéndolo en un esclavo mediante la venta en el mercado. En caso que el deudor no cotizara en el mercado de esclavos de Roma (por viejo, enfermo o inválido), el acreedor tenía derecho a matarlo. ¿Y qué pasaba cuando existían varios acreedores? Si existía una pluralidad de acreedores, la ley romana dictaba la ejecución del deudor por descuartizamiento, el deudor era despedazado –literalmente– y sus trozos se repartían entre sus acreedores en proporción al importe de sus respectivos créditos. Vale la pena decir que la institución de la “partis secando” no señalaba si las partes del cuerpo del deudor tenían el mismo valor, o si alguna de ellas era de significativa importancia.

El Derecho Romano posterior suavizó algo las normas, que, aunque más civilizadas eran igualmente efectivas para cobrar. El acreedor podía encarcelar al moroso hasta que éste o su familia pagasen la deuda (también podía saldar la deuda un amigo), pero si después de pasar un tiempo en prisión nadie rescataba al deudor, el acreedor lo podía vender como esclavo junto a su mujer y a sus hijos para resarcirse de las deudas. Finalmente, los abusos de los acreedores condujeron a los legisladores romanos a modificar las leyes para prohibir la persecución en la persona del moroso, y permitir únicamente al acreedor emprender acciones contra el patrimonio del deudor. La ley autorizaba a los acreedores a tomar todos los bienes del deudor sin limitación para cancelar sus deudas. Con el transcurso de los siglos, el Derecho Romano se fue humanizando y prohibió taxativamente cualquier acto de fuerza incontrolada por parte del acreedor contra el deudor y sólo los jueces podían actuar en contra de los deudores; si el acreedor se apoderaba del patrimonio del moroso, perdía su derecho al cobro. Además, se constituyó un procedimiento judicial de suspensión de pagos para los deudores que no podían hacer frente a todos sus acreedores.

 

 

 

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Autor: Pere Brachfield
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